Si hace tiempo que no te movés regularmente, pensar en una rutina completa puede resultar abrumador. Para empezar a hacer actividad física, podés partir de algo pequeño que encaje en tu día. Algo de actividad es mejor que nada, y el movimiento cotidiano también cuenta. [1]
Qué recomiendan las guías para adultos
Como referencia general, los adultos deberían alcanzar al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o 75 minutos de actividad intensa, o una combinación equivalente. También se recomienda fortalecer los principales grupos musculares al menos dos días por semana.
No necesitás hacer todo de una vez: podés repartir la actividad durante la semana y en períodos más cortos. Estas metas orientan el camino; no obligan a completar ese volumen desde el primer día. [2]
Convertí la intención en una acción concreta
Elegí una actividad que te resulte accesible y agradable. Por ejemplo, si caminar es adecuado para vos, una salida breve puede ser un punto de partida. También cuentan desplazarte en bicicleta, bailar y otras formas de movimiento. Aumentá gradualmente la actividad según tus posibilidades. [1]
Para organizarte, respondé tres preguntas: ¿qué voy a hacer?, ¿cuándo?, ¿qué alternativa tengo si ese día no puedo? «Caminar después del almuerzo» es una decisión más concreta que «hacer más ejercicio».
Adaptá la meta a tu situación
Si tenés una enfermedad crónica o una limitación que dificulta el movimiento, conversá con tu equipo de salud sobre el tipo y la cantidad de actividad adecuados. Las recomendaciones generales necesitan adaptarse a cada persona. [2]
Podés registrar qué hiciste y cómo te sentiste, sin convertir cada día en un examen. El primer objetivo práctico es encontrar una forma de moverte que puedas sostener.
Fuentes
Fuentes consultadas el 10 de septiembre de 2026.
Contenido elaborado con asistencia de inteligencia artificial. La imagen es ilustrativa y fue generada con IA. Esta información es general y no sustituye una consulta con un profesional de la salud.



