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Sexo y tabaco

La información contenida en Vistamedica está destinado exclusivamente a propósitos educativos, y no pretende ser ni será nunca un sustituto de consejo médico profesional, relativa a tu condición médica específica o pregunta. Siempre busca el consejo de tu médico o proveedor de salud para cualquier pregunta que puedas tener acerca de cualquier condición médica.

El pitillo post-coito es una imagen recurrente en la filmografía y, por lo visto, fiel reflejo de muchas experiencias cotidianas. Para muchos supera con creces al esperado cigarrillo después de una buena comida. Algunas personas refieren sentirse más relajadas y sexualmente seguras cuando fuman. Todos recordamos el tan socorrido: “¿Tienes fuego?” o “¿Me das un pitillo?”.

Independientemente del efecto psicológico que el acto de fumar conlleva, la nicotina es una sustancia que a bajas dosis tiene un efecto estimulante, aumentando la capacidad de atención, y a altas es inhibidor, disminuyendo la tensión nerviosa. No obstante, son bien conocidos sus efectos adversos sobre el sistema circulatorio, esencial para una buena función sexual. Al dificultar la irrigación sanguínea, facilita la aparición de hipertensión, angina de pecho, infartos y otros trastornos vasculares, entre ellos disfunción eréctil en el hombre y problemas de lubricación en la mujer.
Si bien en el caso de las mujeres la disminución en la lubricación suele pasar desapercibida, las dificultades en obtener y, sobre todo, mantener la erección son evidentes. Algunos estudios han demostrado que en varones susceptibles, con 20 o más cigarrillos al día, es apreciable la merma en su capacidad de respuesta eréctil.
Al fumar, además de la nicotina se inhalan cientos de productos químicos, con lo cual el balance, tanto para la salud general como para la sexual, es muy negativo. En las mujeres fumadoras que toman anticonceptivos hormonales, incrementa el riesgo de padecer problemas circulatorios.
A veces en la consulta sexológica algunas personas se quejan del mal aliento (halitosis) o del olor a tabaco de su pareja, lo cual puede afectar seriamente a su deseo sexual, llegando a rechazar el contacto íntimo.
No queremos ser aguafiestas, pero no podemos obviar la evidencia científica: el tabaco no es bueno para la función sexual y eso se debe tener en cuenta y asumir las consecuencias. Somos conscientes del altísimo nivel de dependencia que crea el inocente pitillo, de cómo personas con problemas muy graves de salud sucumben a su irresistible poder. No obstante, hay personas que consiguen dejar de fumar y cuentan cómo perciben mejor los sabores y olores, además de notar una piel mucho más tersa.

Fuente: 1.8.06 – El Mundo – España
M. Pérez, J. J. Borrás y X. Zubieta.
Base de datos: Dr. Argañaraz – sexologiamed@ciudad.com.ar

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