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¿HAY EDAD PARA EL EROTISMO?. Erótica y Vejez

La información contenida en Vistamedica está destinado exclusivamente a propósitos educativos, y no pretende ser ni será nunca un sustituto de consejo médico profesional, relativa a tu condición médica específica o pregunta. Siempre busca el consejo de tu médico o proveedor de salud para cualquier pregunta que puedas tener acerca de cualquier condición médica.

Apuntes sobre una sexualidad negada
Existen ciertas dimensiones de lo más profundamente “humano” que producen horror. Un espanto imposible de nombrar pero cuya presencia se hace notar del modo más rotundo. El erotismo y la sexualidad en la vejez podrían pertenecer a esta clase de fenómenos. Negado, soslayado, trivializado, medicalizado, desfigurado bajo las máscaras que la cultura del momento propone y disuelto en discursos que legitiman aquella voluntad de invisivilizarlo. Los diversos puntos de vista construyen las máscaras que lubrican lo de “indigerible” que el tema encarna.

¿Quién se atreve a mirar de frente lo que no puede ser visto? ¿Quién, despojado del prejuicio y del rechazo, podría afrontar el desafío de pensar con inteligencia sobre el tema?
Ricardo Iacub ha construido una obra que se sustenta en el conocimiento proveniente de múltiples disciplinas pero sin abordarlas desde el asentimiento y la conformidad. En su libro “Erótica y vejez” discute con las perspectivas, cuestiona los supuestos básicos que las sustentan, desarma los dispositivos y desnuda las condiciones de posibilidad que las originan. Así, la historia, la antropología, la medicina, la psicología, la literatura y el arte se ofrecen como escenarios propicios para la indagación y el develamiento.
En el interior del modelo biomédico que todo lo abarca, que todo lo explica, que todo lo reduce; la sexualidad y el erotismo en la vejez se convierten en tópicos, en discurso explicativo y, no pocas veces, en estrategia de medicalización. Iacub no elude la crítica a esta propuesta aunque – justo es decirlo – lo hace con tal prudencia que, en ocasiones, hace que su opinión se diluya bajo el peso de una voluntad de no lastimar, de no agredir.
La obra es un saludable ejercicio para todos quienes discurrimos en el interior de una disciplina olvidando frecuentemente que esta no lo explica todo, que la fragmentariedad del conocimiento simplifica lo que estudia y niega lo que no puede ver. Resulta revelador tomar conciencia de lo que nuestros puntos de vista nos impiden visualizar.
Es estimulante recibir un trabajo riguroso que ofrece la posibilidad de confrontar perspectivas. En una ambiente endogámico y cargado de mutuos prejuicios como el que habitamos, el diálogo interdisciplinario seguirá siendo una utopía mientras no estemos dispuestos a arrojar por la borda el lastre de la omnipotencia y la fábula de las explicaciones totalizantes.
Hay que decidirse a tomar el riesgo de esta lectura. Hay que estar dispuesto a tomar conciencia de la fragilidad de nuestras certezas, de las grietas del suelo que pisamos. Hay que animarse a mirar a los ojos los fantasmas que no deseamos ver. Si está usted dispuesto a la experiencia, entonces, este es el momento para apropiarse de este libro. Usted decide…

IntraMed dialoga con Ricardo Iacub:
¿De qué modo se fue gestando su interés personal en el tema “vejez” y particularmente en la “erótica y vejez”?
La verdad es que mi interés fue temprano, mis abuelos quizás marcaron mi cariño y mi interés por la temática. Claro que después encontré muchas variantes ya que estudiar la vejez implica recorrer muchas disciplinas y eso me permitió ampliar mi mirada psicológica e incorporar la historia, la antropología o la filosofía que siempre fueron objetos de mi interés.
La cuestión erótica parte sin duda por ser psicoanalista, pero también porque estamos en un momento de minorías sexuales que están mostrando nuevos rumbos para pensar el deseo humano y la vejez o los viejos no han podido aun incluir su particularidad.
¿Según su opinión este tema se encuentra soslayado en la literatura sobre vejez y ancianidad?
Si, por ejemplo me sorprendió que autores del prestigio de Foucault o Dover o en la propia literatura gerontológica no hayan percibido un dato evidente, la enorme importancia que se le dio en la antigüedad al erotismo de los viejos, aun desde su crítica. Incluso a posteriori, más allá del cambio que se evidencia en los últimos años, es importante tener en cuenta como se hablaba de este tema en la era victoriana, insisto no era un tema intrascendente.
¿Cuáles son las diferencias más trascendentes que encuentra entre su abordaje y el del modelo médico?
Yo prefiero no hablar del modelo médico fuera de ciertos contextos. Es decir hoy el modelo médico no es el mismo que en el siglo XIX. Éste último pensaba al cuerpo de los viejos como un lugar temible que definía por entero su personalidad y esto terminó en verdaderos desatinos. También critico cierto modelo de la salud actual (donde incluyo tanto a médicos, psicólogos o la “Sra. de la vuelta”) que piensan que el viejo debe vivir cuidando su cuerpo dejando de lado cualquier riesgo posible (leamos en esto deseo sexual o cualquier goce)
Respecto de la “biomedicalización” del envejecimiento: ¿Es su idea que la intervención médica puede ser una estrategia de control social sobre el anciano?
Si creo que todos estos dispositivos toman al viejo como un objeto al cual se lo maneja con el horror al deterioro y al paso del tiempo. Lo que me parece importante agregar que en este punto no creo que haya manipuladores perversos sino que son formas disciplinarias que están en nuestra sociedad. Aunque también es cierto remarcar que algunos hacen buenos negocios con este tema.
¿Cuál es su propuesta respecto del tema sexualidad en instituciones como geriátricos u otros lugares de internación?
Este es uno de los temas más complejos ya que estos espacios suelen rechazar el deseo de los viejos. Aun más creo que la ideología que conformó gran parte de estas instituciones tuvo que ver con el cuidado del viejo más que con el desarrollo individual de los mismos. Lo que implica cuidar la salud y no el deseo. Sin embargo no quiero decir que todos sean policíacos. Hay experiencias muy interesantes en los geriátricos públicos de la Argentina (de Nación o de la Ciudad de Buenos Aires) donde se ha liberado la cuestión erótica, siguiendo lineamientos mundiales donde el sexo pasa a ser un derecho de las personas mayores.
¿Considera que el ejercicio de “los goces” es una esfera más de la libertad del individuo?
¡Por supuesto!
¿Cuál es su crítica la modelo “evolucionista” que propone una explicación que ve al anciano como un sujeto en retirada respecto de las generaciones siguientes?
Desde el siglo XIX se nota un discurso de corte evolucionista donde el sujeto es pensado en relación a su sociedad. El viejo es acusado de ocupar lugares que les corresponderían a las nuevas generaciones, una especie de guerra del cerdo pero con pretensiones científicas y filosóficas. De hecho a principios del siglo XX se hablaba de la segunda muerte de los viejos ya que se consideraba que la primera tenía que ver con la muerte para la especie, es decir dejaban de ser útiles por no reproducirse. Esto los terminó identificando con seres egoístas, perversos y poco dados a su sociedad.
¿De qué modo las perspectivas sobre la vejez se adecuan a los imperativos sociales y políticos de una época: civilizatorio, productivo, victoriano, etc.?
Creo que cada sociedad delinea sus propias miradas sobre la vejez. En el caso del modelo burgués y victoriano, van a pensar una nueva vejez, sacándola del espacio religioso, de comprensión de la muerte y la debilidad a un espacio de control en el cual los que cumplan con dietas y cuiden su salud podrán evitar el deterioro producido por los años. Una especie de salvación laica. El cuerpo se vuelve una mercancía que debe ser cuidada y en este sentido la durabilidad se convierte en un eje importante ya que cobra un sentido típicamente burgués, es decir se vuelve un objeto valioso mientras sea capaz de ser durable. Nascher, creador del vocablo geriatría señalaba lo siguiente: “es curioso como en la antigüedad la gente quería que dure su sexualidad mientras que ahora (principios del siglo XX) solo quiere que dure su vida.”
Respecto de las relaciones entre libido y pérdida de la energía, vale la pena recordar que Sigmund Freud se sometió a una vasectomía con el propósito de ahorrar energía en su lucha contra le enfermedad. ¿Piensa que hoy subsisten residuos de esas creencias?
Aún existen criterios que consideran que para preservar la salud es mejor evitar la sexualidad pero creo que ya no entra en la dinámica de las representaciones actuales y es una presunción no del todo comprobada que Freud se haya hecho una vasectomía (a pesar de que menciono ese dato en el libro).
El erotismo del anciano – según menciona en tu libro – genera una especie de “rechazo u horror estético” ¿Piensa que ese es un desplazamiento que oculta prejuicios morales?
Si creo que este es uno de los puntos más difíciles y menos observados, el prejuicio ante el cuerpo de los viejos genera una negación estética. Pero a diferencia de otros grupos aminorados (como dice Moscovici para hablar de las minorías) donde la crítica es moral, en este caso se presenta como un natural rechazo al cuerpo de los viejos, lo que lo saca de la discusión social. Es importante señalar que esta es una representación que le llevó muchos siglos a Occidente imponer y que no es un universal en el sentido antropológico.
Entre la representación “tierna y desensualizada” o la del “depravado” el erotismo de la ancianidad parece no encontrar un espacio propio de legitimación social ¿Cuál cree que sería ese lugar desde el que podría aceptarse socialmente el erotismo en esa edad?
Creo que el reconocimiento está apareciendo muchas veces en grupos de mayores donde la identidad no está tan dañada socialmente y donde pueden alejarse de ciertos mitos y animarse desear como si la edad fuese irrelevante.
Menciona toda una serie de términos que designan el proceso de envejecimiento y que delimitan un campo semántico sobre el que encuentra rastros de prejuicios: ¿Cuál es – a su criterio – el modo apropiado para designarlo?
Creo que los términos son parte de una historia de representaciones sociales, cuando uno habla de un viejo, no imagina lo mismo que cuando habla de una anciano, de una persona de tercera edad o un adulto mayor. Cada palabra señala un universo discursivo con prácticas particulares. Por ejemplo hablar de tercera edad es indiscernible de una serie de productos como la Universidad de la tercera edad o a su modo los grupos socio-recreativos. No me importa tanto la palabra, si poder ir prescindiendo de eufemismos en la medida en que podamos no temerle al concepto, aunque resulta necesario comprender que es más fácil sentirse un adulto mayor que un anciano, por toda la carga ideológica que conlleva.
Parece que “las edades” se alargan o se acortan según el momento histórico, esta “periodización líquida” de nuestros días desdibuja las coordenadas temporales tradicionales ¿Cuando se es anciano hoy?
Tenemos parámetros curiosos por un lado las organizaciones internacionales siguen situando los 60 o 65 años (relativo a criterios socioeconómicos de los países) el comienzo de la vejez: La misma jubilación, que sitúa uno de los pocos “rito de pasaje” (si este criterio es válido) actuales de entrada a la vejez es en esta edad. Pero a nivel de la impresión subjetiva es difícil situar quien es viejo, solemos decir: “no parece de tal edad o si parece” y en general este parecer es un forma física bastante banal.
Creo que hay una nueva forma de discriminación que es pensar la vejez cuando una persona está en mal estado “físico estético” y creo que pensar la edad desde los criterios internacionales es positivo ya que nos permite pensar la enorme variabilidad que existe al interior de este grupo y fundamentalmente que no hace falta estar mal para componerlo.
La vejez puede concebirse como nicho de consumo, de marketing, del prejuicio, etc. ¿Qué es la vejez desde la perspectiva que propone?
Si creo que estamos viendo un nuevo modelo de vejez “positiva” o “exitosa” que es muy útil a la incorporación de nuevos mercados, ya no solo se les vende medicina sino viajes, salidas, ropa, etc. Lo que Estes llama la empresa del envejecimiento. Creo que yo apunto a la mayor irrelevancia de las marcas sociales que limitan las libertades individuales.
¿Cuál es su crítica al modelo de vejez como enfermedad?
Creo que es una mirada sobre el tema cuando hay múltiples miradas, es decir es un reduccionismo de la vejez. Por otro lado está comprobado que no es cierto y que tiene pésimas implicaciones sobre la forma de vida de esta enorme capa poblacional.
Su libro repasa una multitud de enfoques sobre el tema: histórico, de las mentalidades, genealogía (Foucault), psicológico, narrativo, médico, etc. Hay algunas que no encuentro como la antropológica que ha dicho mucho al respecto. Particularmente en construcciones como las de climaterio, sexualidad, sabiduría, etc. ¿Hay algún motivo para que esta perspectiva no esté analizada?
Creo que si la analizo, de hecho hay ciertas investigaciones al respecto como las realizadas en 101 culturas que piensan sobre la cuestión de género en la vejez. A veces hay discursos que son muy pregnantes en cada época sobre la temática y traté de transmitir eso. Aunque probablemente haya una deuda con el tema
En nuestros días la posibilidad de autotransformación, de autoconstrucción del cuerpo, de un hombre “postorgánico” actualizan viejas utopías de juventud eterna o inmortalidad. La literatura ha generado al respecto obras muy pregnantes como “La posibilidad de una isla” de Michel Houellebecq. ¿Piensa que la representación de la vejez se ha transformado al ritmo de la genómica, clonación, proteómica, etc?
Creo que la vejez es cada vez más futurista. Un filósofo mexicano Giménez Gatto dice con mucho humor: “La abuela, quién no sabe nada de computadoras, es, sin embargo, la figura arquetípica de la cibercultura. Muchos adorables ancianitos están más cerca del cuerpo amplificado de Stelarc que lo que sus nietos estarían dispuestos a aceptar. En el cruce de milenios, la vejez se convierte en una performance.” Y es cierto el cuerpo de los viejos es sin duda el más tecnologizado. Por otro lado yo describo a los transetarios como figuras que hacen de su cuerpo un fetiche erótico.
¿Cómo será el “viejo” y cuál será su erotismo en el futuro cercano?
Probablemente más libre, pero también quizás con mucha demanda de eficacia sexual. Mi objetivo es que los goces sean lo más libres posibles.
¿Quién es el lector que podría transformar sus puntos de vista al leer tu libro?
Creo que puede sorprender a muchos. Probablemente sean los profesionales de la salud los más interesados ya que les permitirá reflexionar críticamente sobre lo que significa el discurso académico, pero por otro lado busco poder contagiar cierto sentido erótico en cualquier momento de la vida, para el caso en la vejez.

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Funete: 7.6.06 – IntraMed News – Daniel Flichtentrei – base de datos: Dr. Argañaraz – sexologiamed@ciudad.com.ar

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