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La mayoría de las conductas adictivas comienzan en la adolescencia

Cerebro adicto: los efectos de las drogas, el alcohol o internet

La información contenida en Vistamedica está destinado exclusivamente a propósitos educativos, y no pretende ser ni será nunca un sustituto de consejo médico profesional, relativa a tu condición médica específica o pregunta. Siempre busca el consejo de tu médico o proveedor de salud para cualquier pregunta que puedas tener acerca de cualquier condición médica.

La adicción es un aprendizaje con recompensa que se hace patológico y acaba arruinando el proyecto de vida de la persona afectada y de quienes le rodean, según explica Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Navarra, España. En este proceso juegan un papel fundamental tanto la liberación de dopamina como nuestra memoria.

La dopamina es el neurotransmisor que procesa los estados de emoción positiva y que, por tanto, segregamos naturalmente ante el riesgo, la aventura o la curiosidad por lo desconocido. Circunstancias que provocan en nosotros un placer innato, mayor o menor según cada temperamento.

“Ante una situación placentera –aclara López Moratalla– las neuronas del núcleo accumbens reciben dopamina, mientras la amígdala evalúa la recompensa prevista. Asimismo, el cerebro posee mecanismos para controlar la liberación de esta sustancia y que permiten mantener un equilibrio para que no estemos ni eufóricos ni apáticos sin motivo”.

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Precisamente la vía de acción de las drogas consiste en romper ese equilibrio de la dopamina, aumentando su concentración en el espacio de la sinapsis o prolongando el tiempo que permanece antes de ser capturada. En el caso de la cocaína, su consumo bloquea el recaptador de dopamina, de modo que esta permanece más tiempo en el espacio entre sinapsis, prolongando el efecto placentero. La anfetamina, además, aumenta la cantidad de dopamina que se libera. La nicotina, en cambio, estimula de forma directa a las neuronas que la producen. Y en el caso del éxtasis las neuronas quedan literalmente destruidas.

“Si el consumo de drogas se hace crónico, disminuyen los receptores de la dopamina, que permanecen en niveles bajos incluso un año después de dejarlo. De ahí que los efectos placenteros disminuyan paulatinamente, creándose la necesidad de una mayor cantidad para conseguir el mismo efecto”, detalla la catedrática.

No obstante, la adicción no se desarrolla tras un primer consumo. Es un largo proceso de consolidación del aprendizaje en el que interviene la memoria: “Con el consumo crónico de droga, se modifica el proceso por el que se establecen las conexiones entre neuronas, ya que el exceso de estimulación producido por la dopamina acelera el recuerdo a largo plazo. En paralelo, el hipocampo establece la memoria emocional, esencial en la adicción”, argumenta López Moratalla.

De hecho, en el inicio del consumo de drogas, o de los juegos de internet,  se aprenden de forma inconsciente las circunstancias ambientales, de modo que la recompensa se asocia a algo: un olor, un lugar… “Si volvemos a percibirlo, la dopamina promueve el recuerdo inconsciente asociado a la recompensa. En condiciones normales, seleccionaríamos la respuesta después de analizar los datos. Sin embargo, cuando se ha producido la adicción el funcionamiento es diferente: se pierde el control sobre los circuitos del lóbulo frontal y se generan respuestas automáticas y compulsivas. Quienes sufren la adicción no deciden, sino que se encuentran obligados a consumir”, alerta la investigadora.

La mayoría de las conductas adictivas comienzan en la adolescencia, cuando los sistemas de recompensa y memoria emocional no están ajustados: “Entonces, mientras el alcohol o las drogas producen efectos más intensos y una dependencia más rápida en las chicas, los chicos caen con mayor facilidad en los juegos de rol en internet”, explica la catedrática de la Universidad de Navarra.

Ante esta coyuntura López Moratalla subraya que la forma más efectiva de prevenir las adicciones es la educación, “que abre horizontes, y las relaciones personales, que permiten un diálogo franco. Es importante que cada uno pacte consigo mismo unos límites a las cantidades, la frecuencia y el tiempo empleado en estas prácticas. Además, el convencimiento de tener el destino de uno mismo en las propias manos, superar una crisis, y no estar solo, suponen una buena prevención para no caer en la destructiva red de las dependencias y adicciones”.

Fuente: Universidad de Navarra via SINC

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