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El bajo consumo de sal en la infancia mejora la calidad de vida en la edad adulta

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“La edad de una persona es la edad de sus arterias”. La frase de Alfonso Delgado, presidente de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y ponente en el V Congreso Nacional de la Sociedad Española de Nutrición Básica y Aplicada (SENBA) celebrado la semana pasada en el Palacio Euskalduna de Bilbao, resume el impacto de la alimentación infantil en la salud adulta. El experto pediatra asume que “una adecuada nutrición en la infancia, donde se implantan los hábitos de alimentación saludables que van a marcar el futuro del individuo, es un poderoso elemento de prevención”.

Explica Alfonso Delgado cómo “entre el cuarto y el sexto mes de vida del lactante, la leche materna comienza a ser insuficiente para la nutrición del pequeño y es preciso ir incorporando otra serie de alimentos”. A la hora de establecer un protocolo de actuación en esta fase temprana, el experto señala que “a partir del cuarto mes es bueno comenzar con la alimentación complementaria. Primero, hasta los seis meses, con la incorporación de zumos de frutas a la dieta, A partir del medio año, comienzan a incorporarse las papillas de monocereales sin gluten primero y de policereales después”.
“A partir del séptimo mes ya se puede incorporar el gluten en la dieta de los más pequeños”, asegura el especialista. “Es ahí cuando comienzan a añadirse diversos alimentos en la dieta, siempre de manera escalonada -cada quince días, por ejemplo- con el fin de comprobar si el pequeño es alérgico o presenta algún tipo reacción a determinados alimentos. El objetivo es que al llegar al año de vida ya tenga una dieta casi completa”.

A partir de esta edad, “es necesario mantener la dieta equilibrada para el crecimiento y desarrollo del niño. Hay que considerar que el desayuno ha de suponer el 25 por ciento del aporte calórico diario, por lo que es preciso ajustar éste a un equilibrio preciso de frutas, cereales y productos lácteos. Poco a poco han de ir incorporándose las fibras y buscar una tendencia a la dieta mediterránea, evitando en lo posible las dietas ricas en grasa, la llamada comida basura o la iniciación en el consumo de productos tóxicos como el tabaco y el alcohol”.

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La alimentación de estos primeros años adquiere especial trascendencia a la hora de controlar la obesidad. El experto apunta que “más allá de los problemas cardiovasculares asociados a ésta, existe todo un catálogo de patologías que pueden tener su origen en una alimentación inadecuada. La diabetes mellitus, la HTA, los infartos de miocardio o cerebrales o determinados tipos de cánceres como el de mama o de colón entre otras son enfermedades muchas veces asociadas a la obesidad”.

En lo que atañe a un posible papel preventivo de la alimentación en la edad infantil Alfonso Delgado añade un mensaje de importancia. “A la hora de crear el hábito alimentario que ha de ser variado y equilibrado es importante acostumbrar a los más pequeños a comer con poca sal. El cloruro sódico ha de controlarse en la medida de lo posible por su elevada incidencia en los cuadros de Hipertensión Arterial y en el incremento de los valores del llamado colesterol malo”.
Fuente:www.azprensa.com

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