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Los virus son los culpables de las mayores pandemias y siguen poniendo en jaque a los científicos

Lucha sin tregua contra los virus

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Ni la bomba más devastadora ni el ejército más sanguinario han conseguido causar tantas bajas en la sociedad como este microorganismo: el virus. Ellos han sido los culpables de las mayores pandemias de la historia y hoy día siguen poniendo en jaque a científicos de todo el mundo.

“Ha llegado el momento de cerrar el libro de las enfermedades infecciosas”, declaraba William H. Stweart, director nacional de Salud de EE UU, en 1969, satisfecho tras los progresos hechos ante la viruela y el sarampión. Nada más lejos de realidad. Las enfermedades por virus han ocasionado, desde entonces, grandes debacles en la historia de la humanidad.

Hasta el momento, el sida, la gripe, la poliomielitis o la fiebre aftosa no han sido erradicadas. “Tenemos grandes desafíos por delante pero la ciencia ha logrado grandes victorias”, afirmaba esperanzado Federico Mayor Zaragoza, presidente del Consejo Científico de la Fundación Ramón Areces, durante la inauguración del ciclo Las grandes epidemias producidas por virus, organizado esta semana por la institución.

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La pandemia de los siglos XX y XXI

Si en el siglo XIX la pandemia más importante fue el cólera, los expertos coinciden en señalar al virus del sida como la gran pandemia de nuestra época. “Los avances son un poco más difíciles cada día porque los niveles que se han conseguido son de gran eficacia y poca toxicidad”, explica Rafael Nájera, presidente del Grupo de Historia de la Virología de la Sociedad Española de Virología.

Conseguir encontrar la vacuna que erradique la enfermedad no está siendo una tarea sencilla debido a la variabilidad genética del virus. “Estamos más cerca aunque avanzamos muy lentamente”, reconoce el investigador. Una tarea compleja puesto que se trata de la primera vacuna “que el hombre tiene que descubrir desde el principio”, subraya Nájera.

Y aunque los avances científicos han conseguido que la enfermedad sea hoy por hoy crónica, sigue existiendo un abismo entre regiones desarrolladas y subdesarrolladas, donde se dispara el índice de mortalidad. “Ésta es una de las grandes hipocresías de la humanidad”, se lamenta el investigador.

Los esfuerzos ahora se centran, tanto en descubrir la vacuna que acabe con el virus como en mejorar la eficacia y reducir la toxicidad de los fármacos que utilizan los pacientes. Además, los científicos siguen desarrollando nuevos medicamentos para luchar contra la resistencia del VIH. Todo ello sin olvidar que conseguir la integración social de los pacientes “sigue siendo un reto”, señala Nájera.

Vacuna de transparencia

Hace un año, la pandemia de la gripe A despertó una alarma sin precedentes en las últimas décadas. Las previsiones más catastrofistas no llegaron a materializarse y el índice de mortalidad fue bajo, de unas 19.000 víctimas según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Una cifra muy inferior a la registrada durante la gripe de 1918, que acabó con decenas de millones de personas.

“La pandemia de 2009 ha puesto de relieve que hubo una menor demanda de vacunación de lo esperado”, indica Mª Isabel Porras, profesora titular de Historia de la Ciencia de la Facultad de Medicina de Ciudad Real de la Universidad de Castilla la Mancha. A su juicio, deberían destinarse fondos para averiguar qué mueve a las personas a tomar una u otra decisión en torno a la vacunación.

“Si no hay un acuerdo entre los expertos, es más fácil que la población muestre cierto recelo a las medidas que se le proponen”, añade la profesora. En este sentido, considera clave la transparencia de los organismos y que no existan “conflictos de intereses”.
Los bajos niveles de mortalidad de la reciente pandemia de gripe pueden provocar que muchos ciudadanos bajen la guardia. La forma de combatir esta tendencia, según la profesora “no es atemorizar, sino trabajar más en la divulgación de lo que es y ha sido la gripe a lo largo de la historia”. Porque, no hay que olvidar que con este virus “siempre nos encontramos en una situación de cierta incertidumbre”, recalca.

 

Fuente: SINC // Laura Chaparro

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